El lema elegido es una forma de hablar, tristemente muy actual, pues no dejamos de oír noticias sobre conflictos bélicos, presentes o posibles. Sin embargo, en este caso, la palabra “guerra” simplemente pretende convertirse en una llamada urgente a movilizar lo mejor de nosotros mismos: la conciencia, la solidaridad y la fraternidad. Una llamada para que cada uno discierna qué puede hacer para acabar con el hambre; esa lacra que hiere la dignidad humana y contradice igualmente el designio de Dios, que creó la tierra para que, gracias a sus frutos, tuviéramos lo necesario para alimentarnos y vivir.
El hambre, además, es, como bien sabemos, consecuencia de la desigualdad, de la exclusión, de conflictos olvidados, del deterioro de las condiciones de vida de comunidades enteras y del abandono de los más vulnerables. Por eso, trabajar contra el hambre es trabajar también por la justicia, la promoción humana y la paz. Con razón se dice que combatir la pobreza es construir la paz.
En el marco de esta campaña, Manos Unidas celebra el viernes 6 de febrero el Día del Ayuno Voluntario, como gesto de apoyo a los millones de personas que sufren cada día el hambre en el mundo y, como todos los años, la Parroquia de Santa Ana se une a esta iniciativa, organizando su tradicional cena solidaria de la Sopa de ajo como contribución a Manos Unidas.
Os esperamos el viernes 6 de febrero a las 19:30 en los salones parroquiales, tras la Misa vespertina.
